UN JUEGO CASI PERFECTO

BÉISBOL PEQUEÑO
Por: Arturo de la Mora Y.

Hill30 de Septiembre de 2016- A principios de este mes Rich Hill, pitcher zurdo de los Dodgers de Los Ángeles lanzaba siete entradas perfectas cuando su manejador Dave Roberts decidió sacarlo. Gran sorpresa para quienes observábamos ese partido. Cerca de la gloria de conseguir una joya de pitcheo, todo quedó en aspiraciones. ¿Ha pensado usted qué sintió el pitcher al recibir la noticia de salir del juego?


No se hicieron esperar las críticas contra la decisión del manager por parte de los comentaristas del canal de televisión que transmitía el juego. La consideraban increíble.Me incluyo entre quienes no estaban de acuerdo con dicho movimiento en ese momento.


Ver la reacción del pitcher al recibir la noticia de que ya no saldría a lanzar el octavo episodio es uno de esos momento que buscarías voltearte para otro lado.  Mis sentimientos se complicaban todavía más al ver laatrapadaespectacular del jardinero izquierdo que lograbael último out de la séptima entrada y mantener así la secuencia perfecta.


Este lanzador sufrió ampollas que lo habían separado del roster hasta por seis semanas en el veranopasado y era claro que había un acuerdo entre ély el cuerpo técnico respecto al número de lanzamientos que haría en esta etapa de regreso. Lo lógico eracuidarlo.


Me proyecté como compañero de equipo y quizá hubiera decidido no entrar al vestidor sabiendo que el pitcher estaba allí tras su labor. No hubiera querido acompañar esa “alegría triste”.No envidiaba ser el pitcher menos el manejador en dicha escena. Afortunadamente como manejador nunca he estado en una situación de ese tipo (tampoco quisiera).


Me remonté a mis épocas infantiles en mi faceta de lanzador cuando estuve cerca de lograr un partido sin hit ni carrera. Es una sensación incomparable. Traté de imaginar qué hubiera sentido si mi manejador me hubiera comunicado una decisión de ese tipo. Agradezco infinitamente que me haya permitido continuar. No lo logré pero el recuerdo aún me acompaña.


Si yo hubiera sido el manejador de Hill decido dejarlo terminar la faena sabiendo que ningún pitcher hubiera estado de acuerdo en abandonar el juego y al primer bateador que le rompiera la “magia”, voy por él como se dice en el béisbol. Imaginaba la gran ovación que se hubiera llevado el lanzador aun siendo en parque ajeno. Estoy seguro que los aficionados habrían quedado más contentos.


Comparto con usted esta opinión ya que no descarte que su niño que juega béisbol, en algún momento, enfrente una situación de este tipo. ¿Cómo actuaría usted al ver que el manejador lo deja fuera del partido estando en ruta perfecta?, ¿cómo reaccionaría su niño ante esa decisión? Y no hago la pregunta al instructor ya que apuesto que casi la mayoría no desearía estar en una situación parecida, ¿o sí?


Al paso de los días he comprendido mejorla decisión de Dave Roberts y concluyo que si yo estuviera cobrando un sueldo también hubiera hecho lo mismo. Mi análisis incluía muchos aspectos pero admito que no consideré el factor “negocio” pues sólo lo había visto desde la parte emocional de un jugador amateur.


Hay que entender que Roberts es un profesional que le pagan por ganar juegos y buscar ese ansiado campeonato para el equipo californiano que pretenden desde hace veintiocho años.


Y usted, ¿hubiera sacado al pitcher?