PERIODISMO, OFICIO DE MUERTE

RINCÓN BEISBOLERO

Por: José Carlos Campos

A Javier Valdez,

ausencia que lastima.

Vioper18 de mayo de 2017– Pudiera pensarse en cábala, capicúa, coincidencia o mensaje: a las 12 de 12 balazos, así se cumplió la sentencia. Dramático evento, uno más, en esta zona que eligieron hijos de su mala madre para enseñorearse y ejercer lo más extremo de su maldad. A Javier Valdez lo mataron en complicidad gente de mala entraña, la indiferencia social, el desdeño gremial y el abandono gubernamental.

 

Hace ya casi nueve años, nos tocó que por lo que se llamó “equivocación” ese poder fáctico nos retuviera durante 56 horas, largas, eternas, suficientes para pensar in contables ocasiones que “hasta ahí llegamos”, que ahí se acababa nuestro corrido. Lo nuestro no fue por nuestro trabajo periodístico, ahora lo deberemos recordar como un “viaje de familiarización” al infierno que tan bien llegó a conocer Javier.

 

El “menú” de torturas, la insania que parece virus, el gozo por el dolor ajeno, la insensibilidad, la nula visión sobre el impacto de la “profesión de sicario”… visita a ese averno que tan bien y tan profundamente nos llevó el colega hoy ausente bajo el poder de la palabra.

 

Nuevamente, el paradigma ha sido quebrado: decían que “a nadie matan por buena gente”. Los hechos son el implacable borrador.

 

LECTURAS- Leíamos ayer un notable texto de Iván Pérez, director editorial del portal Cámarahungara.com que bajo el título de “El periodismo deportivo en tiempos de cólera”, disecciona, atraviesa de lado a lado al periodismo deportivo de México. El texto lo dedica, sin rubor y con pasión, todo a Javier Valdez.

 

Valioso por todos lados y por todas las razones posibles, nos detuvimos para releer cuando dice: “En el periodismo deportivo nos hemos esforzado porque nuestra “realidad” sea distinta, porque nuestra mirada como gremio está más en entretener, en chismear, en rumorear…”

 

Y justifica: “Nos hemos olvidado de todos los demás y todo lo demás, nos hemos olvidado de voltear la mirada en las cosas que incomodan, que estorban, que esconden y lo peor es que como gremio también nos hemos vuelto una bola de zombies expertos en generar clics y nos olvidamos -poco a poco- que lo que hacemos es periodismo”.

 

Tan imperdible como letal, tan cierto como altamente autocrítico.

 

Lo malo es que las letras quedan donde se escriben: ante lo escrito, la indiferencia.

 

Esa indiferencia que ha llevado a llorar desde lejos ausencias de colegas, esa que prohija y solapa.

 

RAZONES- En particular, en lo que nos atañe, hoy la reflexión porque lo que se observa ya se vuelve ofensivo. Periodismo beisbolero “de chacota”, de club social, de “selfies”, de protagonismos vamos y egolatrías a tope. Pululan los periodistas “tapete”, esos que viven inclinados con la mano extendida, que se dicen usufructuarios directos de quien hace béisbol.

 

Homenajes para quien agravió al béisbol siendo corrupto, premios a la mediocridad, encubrimiento porque (¡faltaba más!) “perro no come perro”. Crítica dirigida solo si es bien recompensada, extorsiones de cuello blanco, de-a-cómo la entrevista, protagonismo puro, personajismo de bajo nivel, acreditaciones útiles para el figureo y “el si no me das, te pago”.

 

Antes, cero conocimiento del deporte “per se”, cero compromiso con las audiencias, entrega al que paga y ese no es el medio: la crítica y el señalamiento se guardan para la instrucción o “favor”del que pague mejor. Gorra, chamarra, jersey… “lo que sea su voluntad”.

 

RIP- En el recuerdo, la referencia del colega que fue avasallado por la sinrazón de la violencia, la que no admite el poder de la palabra.

 

A Javier Valdez lo sacrificó la indiferencia social que cobija a los “malos” y hace que el nuestro sea un oficio de muerto.

 

Agrupaciones gremiales cuyos líderes viven pidiendo “gracia” del gobierno para fines muy personales (a mano extendida) y que levantan voz cuando hierve el agua. Apenas.

 

Gobiernos que alimentaron ese monstruo contra el cual hoy no pueden hacer nada o casi nada.

 

Tal vez a Javier y los otros muchos colegas caidos, Lope de la Vega dixit, “lo mató Fuenteovejuna, “todo el pueblo a una”.

 

Y nos iremos enterrando los periodistas, los unos a los otros.