RINCON BEISBOLERO

Por: José Carlos Campos

ESTADIOLMB3 de Agosto de 2018- No es ninguna novedad que como fenómeno recurrente, a la Liga Mexicana de Beisbol la distinga el alejamiento de los aficionados de los estadios, algo que se vino acentuando desde 1980 cuando la huelga de ese año fuera un torpedo que dio justo en la línea de flotación del circuito veraniego.

 

Hoy, el fenómeno se ha acentuado cuando transcurre el torneo de clausura 2018, año que semeja ser el de las siete plagas para un circuito que proyecta a la LMB como una liga que no termina de definirse y ser entendida por los seguidores a este deporte.

 

Los enfoques (e intenciones) varían según la trinchera desde donde se vea el tema aunque la pregunta sea la misma: ¿qué provoca que el seguidor del beisbol rechace acudir a los escenarios naturales en que se desarrolla?

 

Entendemos que se reproche, por ejemplo, que se hable de las malas entradas y no del “esfuerzo que hacen las directivas” por “hacer béisbol”. Tal vez, sí, la nota debiera ser el aplauso para que invierte pero así también, resalta que la respuesta que encuentre sea la indiferencia, el desdeño de un público que no encuentra en la pelota de verano la satisfacción completa a sus afanes de entretenimiento.

 

Es la propia liga la que abona a este escenario y más aún cuando se niega a ventilar públicamente su realidad, cuando no es capaz ni por asomo de acudir a la autocrítica y compartir su sentir ante el público. La cerrazón cuesta cara.

 

¿LOS MEDIOS?- No es cosa de cargarle el mochuelo entero a los medios de comunicación luego de que se les acusa que “no le dan importancia al béisbol” y que “prefieren al futbol”. El problema radica en que desde hace años la LMB decidió intentar marcar la agenda de los medios, estos se zafaron de la presunta camisa de fuerza y peor aún, se percataron que la propia liga ha sido la que agravó el problema.

 

¿Cómo es eso? La LMB decidió no preocuparse por mejorar su producto, ni siquiera cambiarle la envoltura, intentó en lograr cosas diferentes haciendo lo mismo. Los presuntos paradigmas se sostienen, no hay ánimo de cambio.

 

ESENCIA- En este último tema, sentimos que uno de los punto más débiles del circuito veraniego ha radicado en el paulatino alejamiento que hoy mantiene con los medios. Su política de comunicación no puede estar centrada en el “chayote” como cuando Pedro Treto Cisneros, en los “convenios” como cuando Plinio Escalante o en la total opacidad de hoy con Javier Salinas.

 

Los asuntos más importantes no se esparcen, no se presentan sobre la mesa, se evaden, de disfrazan y peor aún, se pretende mantener la línea de los medios sumisos, de tener en la fila a empinados y similares. Tiene que ser lo que la LMB diga que es noticia que de lo demás se haga cargo el olvido.

 

Sigue siendo una liga a la que la crítica le produce urticaria, incapaz de que alguien salga al frente para responder y no tratar de imponer versiones que pretenden sean verdades absolutas.

 

¿Alguien en LMB se ha puesto a analizar la realidad vigente de los medios, los “cómos” y “¿’porqués? de ellos?. Porque tal parece que la consigna ha sido dejar que todo fluya y el status se mantenga cual si estuviera del todo bien.

 

ENCONO- La apuesta fuerte que se hizo desde el 2017 fue nombrar a Javier Salinas como presidente y aceptarle propuestas que sí, todas sonaban muy bien luego de que prometían que con ellas, caería billetes en la caja registradora, que ese es el objetivo final de todo negocio.

 

Pero el mercadólogo Salinas saltó a la palestra espada en vano, como si fuera el último samurái, y se le fue encima a medio mundo. Su entendimiento de la mercadotecnia parece salido del libro de Sun Tzu, creando paulatinamente más adversarios que leales a la causa.  

 

Hoy, del ditirambo inicial ha pasado a un casi ostracismo, de la omipresencia al disfraz del tuit para aplaudir hasta la nada.

 

La percepción del presidente de la LMB hoy es que está solo, que lo dejaron que sus guerras las librara en solitario y dejara a sus jefes, los dueños de clubes, irse por la “libre”. No acota nada que no le digan que acote.

 

Así, sus estrategias planteadas, las que prometían la paulatina masificación, se han mostrado insuficientes y en lugar de la exaltación al éxito hoy mejor se platica de que el aficionado se aleja de los estadios.

 

A Salinas le tocó su turno de ponerle la cola al burro, prometió atinarle, pero lo suyo en este 2018 ha sido toparse una y otra vez con pared. Ante eso, no hay discurso que sirva.