RINCON BEISBOLERO

Por: José Carlos Campos


finLMB28 de Agosto de 2018- Por más que la Liga Mexicana de Beisbol se desgañite y busque la estridencia, nada cambia que se le vino la noche encima y estén en un muy regular cierre de su torneo de clausura 2018. No levantó la LMB, han padecido un terrible año, el de las siete plagas.

Que califiquen a playoffs los Tecolotes de los Dos Laredos o que pueda haber juegos de “limbo eliminatorio” no salva el hecho de que haya sido este el año de las dos temporadas más llenas de peculiaridades que se puedan citar.

Muy poco para mencionar en lo deportivo, escasez de logros y hazañas porque tal vez, éstas hayan sido dejadas en resguardo para darle paso a los “nuevos proyectos” que estallaron antes de encenderse cual fuegos artificiales. El producto se estancó y su vertiente ha sido hacia la mediocridad, mucho porque se alojó en el tedio de los dos torneos que al parecer han sido esquema reprobado por la afición.

Lo obligado es buscarle, hurgar, tratar de encontrar de entre tanto aspecto irregular algo que al menos sirva para salvar lo que pueda llamarse al menos orgullo.

Mientras se reflexiona sobre esto, la venta de humo y temas que distraen, como si el medio estuviera absorto en proyectos que se cocinan, que van a fuego lento, en ideas-metas muy lejanas y que no buscan sino apaciguar inquietudes latentes durante años.

¿NOVEDADES?- En la zona Norte, los Tecolotes colándose entre los cuatro equipos que se perfilan para la postemporada del torneo de clausura luego de que en el torneo de apertura fueran coleros. ¿Sorpresa, impacto grande, bondad expresa del sistema de dos torneos?

En la zona Sur, los Bravos de León emergiendo como el posible cuarto calificado gracias a que la lógica se descarriló feo con los Tigres de Quintana Roo aunque la estridencia (“dramático”, “sensacional”) quede en que dos equipos que juegan pelota debajo de los .500 (Guerreros y Piratas) los ronden de cerca.

Los standings no ayudan mucho, lo que se ve en el terreno menos y lo que se alcanza a apreciar en las gradas ayuda a entender la percepción de que en muchas plazas parece existir hastío al no ver cumplido expectativas.

¿En dónde quedó la primera temporada del año? Parece haber sido hace sido mucho tiempo atrás (“en una galaxia lejana” dirán algunos), sin tiempo para citar a los Leones de Yucatán como campeones, quienes mucha gracias haría si repiten para luego ser evocados como el equipo que pudo ser campeón dos veces el mismo año.

Y eso sí sería recordable.

NOTA- El escenario no está completo si no hablamos de cómo es que al calor de la segunda temporada la gente se fue alejando de los parques de pelota, cayéndose de manera notable las asistencias.

De los 2 millones 96 mil 638 aficionados que se captaron en el torneo de apertura al millón 410 mil que se llevan hasta hoy, restando 9 juegos para concluir. Solamente tres equipos con crecimiento comparando torneos, en apenas semanas se les vino el bajón, en 15 plazas parece que se esfumó el entusiasmo.

Y ya en el terreno individual, ¿rescatar que tres bateadores estén sobre las 400 milésimas de bateo o que Andre Rienzo esté con una efectividad de 0.79 en nueve juegos con los Acereros de Monclova?

Queda la sensación de que ha faltado ”algo”, que se queda a deber en alguna parte, que no todo puede ser eclipsado por anuncios de lo que se pretende hacer en los próximos seis años, que nada parezca lucir.

Que si la estrategia es cantar loas porque Luis Urías llegue a las Mayores o mantenerse en el discurso de que con Grandes Ligas ya se teje el perdón por los pecados no reconocidos, mejor que llegue el 2019.