Treto412 de Septiembre de 2018 (JCC/ERB)- Tal vez sea que en su búsqueda de evolución, la Liga Mexicana de Beisbol se esté adentrando en la involución y si no, al menos, en el regreso a los tiempos idos.

Liga de beisbol profesional que entre otros temas a los que no les ha “hallado al lado”, el trato a los medios y la manera de comunicar sus asuntos son tarea que desde hace años es asunto muy pendiente en su agenda. La política interna en materia mediática se nota “chata”, muy corta de alcances y al día de hoy, montada en una modernidad con aromas a naftalina.

Se invocan los recuerdos.

Mes de Septiembre de 1996, los jardines de la cervecería Moctezuma de Monterrey como escenario, cerca ya la hora de la comida y mientras los directivos sostenían una reunión de trabajo, los periodistas que habíamos acudido a la ceremonia del Salón de la Fama aguardábamos compartiendo las mentiras y exageraciones de costumbre.

En el grupo, colegas de diferentes partes del país, sin mezclarse mucho y apenas los saludos de la lejana cortesía, algunos cargados con desprecio mal disimulado.

Terminó la reunión de los capitostes y mientras se realizaban las entrevistas de rigor, nosotros nos colocamos debajo de un árbol junto al bien recordado “Mago” Obeso, leyenda de la crónica de Guasave y junto a él, Rubén Quiñones. Desde lejos, se podían apreciar las actitudes casi cortesanas de algunos para entrevistar, casi tan notorias como las “cangureras” de los aludidos.

Fue hasta ese lugar fue se acercó el entonces presidente de la Liga Mexicana de Beisbol, Pedro Treto Cisneros, con aquella sonrisa que en el recuerdo, más de socarrona pecaba de falsa. Atrás de él, dos periodistas que no pudieron lograr la entrevista con el tercer Zar de la LMB en línea sucesoria.

“A ti te andaba buscando, amigo Campos”

“¿Pa que soy bueno licenciado?”

“Vamos a platicar, véngase por acá”

El ejecutivo puso rumbo a las oficinas de la cervecería, nos tomó del brazo, y empezó una charla que más bien pareció plática consigo mismo: “No crea, si yo a veces lo leo. Tengo gente que me hace saber de lo que escribe en ese periódico de Culiacán. Es un periodiquito, está bien, a veces nos fijamos lo que se escribe en provincia de la LMB. No crea que me preocupa lo que dice ahí de nosotros pero me preocupa que nos pegue con tanta regularidad, hay gente que lo lee y eso sí nos preocupa”.

Hizo la pausa casi dramática acompañada por la fingida sonrisa par enseguida espetar: “Yo nomás le digo que aquí en la LMB nos manejamos por la dictadura del elogio y no por la tiranía de la crítica. Si usted tiene problemas con eso, háblele a Nestor (Alba Brito), con toda confianza, va a ver que pronto llegan a un acuerdo. Nos veremos más tarde, en la ceremonia”.

Fue todo, Treto se alejó para atender, dijo, una entrevista.

Justo un año después, Septiembre de 1997, en Oaxaca, nos tocó presenciar el arribo del autobús puesto a disposición de la prensa del entonces Distrito Federal. Más tarde llegaría el camión que una empresa cervecera de Campeche ponía a disposición del muy nutrido grupo de periodistas que acudían a las convenciones beisboleras.

A la delegación de comunicadores del DF la recibió el propio Alba Brito quien de inmediato los citó para que minutos más tarde, en las instalaciones del hotel sede, hacerles entrega de los “viáticos” que se les otorgaba como “apoyo”. La escena de los colegas haciendo fila para recibir los sobres consagratorios fue de antología.

En el grupo, varios colegas ya ausentes, otros en el retiro y entre los pocos que sabemos aún vigentes, los que le siguen haciendo al “vivo” presumiendo antecedentes “limpios y honestos”. (Años después, cuando la auditoría qu8e le hieran a la administración de Treto, se encontró la lista con los nombres de aquellos a los se “maiceaba” con singular regularidad).

La anterior era expresión pura de aquella “dictadura del elogio”, de las formas, usos y costumbres que sobrevivieron unos años más.

REGRESO AL PRESENTE

Hoy, casi cuarto de siglo después, se puede decir que algunas de las viejas prácticas de trato a los medios se han ido, aún y contra la resistencia de quienes vivieron la transición que se dio con Plinio Escalante (“convenios selectivos” como ejemplo) y el advenimiento de la tecnología que facilita tranza-acciones (saldazo Oxxo, digamos).

Tras ello, la aparición de Javier Salinas a la presidencia de la liga y si bien aparentemente se cortó de tajo todo tipo de maniobras coaccionadoras a nivel liga (algunos clubes siguen acudiendo a ellas), lo que no parece haberse modificado es el intento porque la LMB se siga queriendo ver como la “república del elogio” y la crítica sea el demonio a exorcizar.

Por más que se diga “con teflón” para la crítica, Salinas no se cansa de despreciar a quienes no quieran ver a la liga con sus mismos ojos que él. Su política de comunicación ha sido tan fallida como lo ha sido su gestión hasta ahora y por eso vemos boletines que parecen haber sido redactados por los sucesores de Pedro Treto.

Medias verdades, datos falsos, burdas patrañas y de fondo, la gestión para que el colectivo de seguidores del béisbol crea que solo sirve la prensa que elogia y que la crítica es mala porque destruye “y no trae dinero a la LMB”. O sea, en la visión del presidente del béisbol de verano, el periodismo beisbolero mexicano debe ser utilitario, capaz de lograr beneficios tangibles para el negocio y ser los periodistas simples recolectores en esa tarea.

Por eso es que se palpa entre sectores de la afición esa tesis, ese rechazo a que cuestione o se ponga en duda lo que hace o pretenda hacer la LMB porque tal parece que en la visión del empleado de los dueños de clubes, el presidente de liga, lo ideal sería recuperar los tiempos de Treto y evitar “la tiranía de la crítica”.

Tiempos traen tiempos.