RINCON BEISBOLERO

Por: José Carlos Campos

Erubiel3 de Diciembre de 2018- El reciente retiro de los números que portaron Rodrigo López y Erubiel Durazo con Tomateros y Naranjeros, respectivamente, mueve entre otras cosas a reflexionar del cómo un beisbolista profesional va preparando su retiro del deporte que convierten en su profesión.

En nosotros una imagen que quedó grabada por muchas razones, sobresaliendo la sinceridad con la que salieron las palabras: “ser jugador de béisbol profesional es un sueño que dura muy poco, cuando inicias la carrera ya debes estar pensando en lo que harás cuando se acabe”. Y quien nos lo dijo hace ya casi 30 años hoy vive en su pueblo natal atendiendo un abarrote de su propiedad.

Para muchos, como aquel segunda base al que nos topamos, llegar a ser expelotero llega a ser aún más complicado que pelotero en activo. Cuando se ejerce la profesión, se viven bajo tras normas, bajo situaciones muy particulares, regidos por condiciones de ausencias, de libertad “condicional” a responsabilidades y de rutinas en donde el gozo queda restringido a muy pocos momentos.

El pelotero no es que sea extraño o raro. Tiene su propia filosofía, una idiosincrasia muy especial, incluso su propio “caló”, su forma de hablar, esa de la que se apropian no pocos farsantes disfrazados de comunicadores porque creen que así es cómo se debe hablar con los jugadores de beisbol.

Es un gremio en el que se comparte una especial forma de ver la vida que se mantiene hasta que la carrera acaba. Luego aparece “la realidad”, esa que parece ser la respuesta a la pregunta de “y después de pelotero, ¿qué sigue?”.

La misma pregunta que el medio entero en México al advertir que en México, al menos, no se tiene un fondo de retiro, un sistema de pensiones, deficiencia que se une al a veces vertiginoso ritmo de vida que llevan quienes tienen “su oficina” en los diamantes beisboleros.

DIFERENCIAS- Por supuesto que en este tema, como en muchos más, no caben las generalizaciones. No para todos los expeloteros llega ese futuro en que se piensa o se trata de anticipar. Las diferencias son palpables.

Una es la de aquellos que pudieron llegar a las Grandes Ligas, lo que tuvieron acceso a ganancias que les permitieron construirse futuros sin ahogos ni premuras, que han gozado lo que ganaron y viven no exhibiendo de lo que se hicieron sino agradeciendo al deporte por haberles puesto la oportunidad.

Malo si dilapidan el dinero y la fama. El caso de Esteban Loaiza, hoy un expelotero en desgracia, es el espejo en que mucho deben verse para pensar en ese mañana que les llegará. En ese sector, hay quienes aprenden a vivir del que se les diga “exligamayoristas”, de mostrarse “en el pandero”, del devaneo y contar las glorias pasadas.

Dos, los expeloteros que no cruzaron la frontera, que hicieron carrera en México y que se sostuvieron un aceptable nivel competitivo y que incluso, recibieron una justa compensació0n por sus servicios. Por más que eso, viven “al día”, varios son los que no compran futuro y mejor gozan hasta el cansancio su presente, ese que se agota paulatinamente.

Después de todo, lo que más se añora es la intensidad en los estadios, el aplauso y el abucheo, esos que por más distantes que sean su origen, el pelotero escucha como si estuvieran al lado. Extrañar esa sensación, el día con día, el no querer ver un juego por TV sin hacer corajes o sentirse molestos por considerar que “ese béisbol no lo jugábamos”. Sí, tanto es la disciplina que se exige que hasta para ser expelotero se exige.

MANAGERS- La noticia de la semana pasada en la LMP fue que los Águilas de Mexicali decidieron prescindir de los ser servicios de Juan Gabriel Castro como su manager. Que si lo botaron tras una victoria es porque las razones no estuvieron sobre el diamante sino en ese terreno casi invisible en el cual ni aficionados ni mucho menos la prensa tienen ingreso.

Sobre el caso, las especulaciones.

Lo más certero pudiera ser que la relación entre Juan Gabriel y la dirigencia de los Águilas ya andaba chueca, que posiblemente había facturas por pagar y que muy poco tenían que ver con lo deportivo. El dueño de una empresa puede correr a su gerente sin dar explicaciones ni justificar la medida. Para eso es “el jefe”.

En el béisbol de invierno, nadie que hable de proyectos a mediano o largo plazo. El solo objetivo de todos los años es ganar-campeonar, lo demás sale sobrando. El caso de Juan Gabriel Castro con los Águilas nos lo vuelve a comprobar.

En cuanto al caso de Ramón Orantes y los Cañeros de Los Mochis, ahí sí se podría decir que todo se explica en lo deportivo y en la aplicación de que “es más cortar a uno que a 25”. Roster son desajustes, con peloteros del calibre de Ramón Urías y Leandro Castro, pero con una fallida elección de extranjeros. El despido del “Capi” llegó bajo la inercia dibujada desde inicios de Octubre, misma que no creemos se modifique bajo el mando de Víctor Bojórquez.