ESE NO ES EL JUEGO QUE YO CONOCÍ

Tony Pena

RINCON BEISBOLERO

Por José Carlos Campos

 

1 de Marzo de 2019- Fuimos de los que nos asombramos aún al ver repeticiones en TV de las jugadas de Johny Bench en home y contrastar las fotos de los catchers recibiendo lanzamientos casi de pie con las las de Tony Peña acuclillado detrás del plato.

 

Asombrados de recordar que gracias a la cabalgata “Gillete” vimos a Mickey Mantle y a Bob Gilson, Koufax, Drysdale. Lolich, Cuellar y McClain; más tarde a Nolan Tyan, los tres jonrones de Reggie Jakcon en una serie mundial, a la velocidad de las rectas de JR Richard, la magia de Ozzie Smith en el shortstop, el poderío de Mike  Schmidt, las gesticulaciones de Steve Carlton y el debut de Fernando Valenzuela.

 

Fuimos de los que crecimos sabiendo del record de Babe Ruth con  sus 714 jonrones, de los 56juegos dando de hit de Joe Dimaggio, del juego perfecto de Don Larsen y del pelotazo a Tony Conigliaro.

 

Ese béisbol es el juego que conocimos, que aprendimos a disfrutar, a gozar y a sufrir.

 

Lo que no podemos ni nos interesa recordar de estos peloteros es cuál era su salario anual, si las Ligas Mayores eran o no un buen negocio, si eran una industria multimillonaria y si la avaricia era el logo más identificativo.

 

Los contratos que este año han firmado Nolan Arenado, Manny Machado y Bryce Harper nos son tan indiferentes como la soberbiometría que nada ha ganado y que se invoca como la presunta nueva religión de este deporte. El juego que conocimos no tenía esos matices.

 

EXPECTATIVA- Tal vez nos vayamos antes de que lleguen los robots en lugar de los umpires, de que solamente haya un umpire que trabaje detrás de home y se le identifique por traer cronómetro en mano.

 

Tal vez no lleguemos a los tiempos en que la costumbre no sea ir al estadio sino a una sala de cine en donde todo sea verlo en la pantalla, con dos horas de acción garantizadas.

 

A lo mejor no nos tocará cuando el salario mínimo sea de 3 millones de dólares por temporada, que los relevistas situacionales reciban 10 millones al año y el trofeo “Cy Young” lo reciba el relevista que abrió más juegos en el año.

 

Y es que todo evoluciona, todo cambia, esa es la realidad que se debe aceptar.

 

Es como si se quisiera que Jane Fonda o Raquel Welch todavía se vieran como se veían a sus 25 años de edad, que no existiera algo llamado “botox” y que no se dijera que la luna es der queso.

 

Pero es que cuesta trabajo dejar atrás la ortodoxia, complicado decir “ese no es el juego que yo conocí”.

 

CRÓNICA- Los Filis de Filadelfia comprometieron 330 millones de dólares a pagar en 13 años a Harper, que cayéndose de risa podrá ver el declive de su carrera con la cartera repleta y sin preocuparse de si llega o no al Salón de la Fama.

 

Lo mismo Arenado y Machado, epítomes hoy de lo que parecería ser el desdeño a la gloria deportiva para en su lugar aparecer como vencedores del reto de los inicios del siglo XXI: aparecer entre los mejor pagados de la historia.

 

Las crónicas y narraciones ya no serían citando cualidades sino montos bancarios: “aquí viene el hombre de los 300 millones a enfrentar al pitcher de los 18 millones al año”.

 

Alivia saber que en México las cosas seguirán igual, que las muletillas seguirán utilizando los lugares de nacimiento.

 

El cambio de paradigma tal vez sea que la proyección a la fama sea para Scott Boras, el hombre que encontró la manera de sacudir la perspectiva, de forzar situaciones, de encarar al mercado de la agencia libre bajo el grito de “¡colusión!” y citando el clásico de Jerry Maguire “show me the money” (“Rod Tidwell”/Cuba Gooding Jr dixit).

 

Sí, tal vez la ortodoxia vive su peor decaimiento, llegaron ya los nuevos tiempos, esos en los que Bob Manfred y Boras son los principales protagonistas y en donde hay que rezarle a Bill James para que la secta atrape a las nuevas audiencias.

 

Y entre los ortodoxos, se ponga de moda la frase “ese no es el juego que yo conocí”. ¿Nos vamos anotando?