HARP Y LA SUERTE DE LOS PATRIARCAS

HARP AMLO

RINCON BEISBOLERO

Por José Carlos Campos

 

21 de Febrero de 2019- Bien merecidas las loas, elogios, parabienes y demás parafernalia correspondiente para rendir tributo, que se disfraza de agradecimiento, para Alfredo Harp Helu luego de que se inauguró el miércoles el nuevo Salón de la Fama del béisbol mexicano.

Un salón que se erigió gracias a la generosa chequera del magnate y que ya empezó a operar en Monterrey, cerrando así una de esas etapas de nuestro béisbol a las que urge echar tierra encima y enviar al olvido.

Por cierto, cabría pedir mesura a aquellos que del júbilo pasaron al empinamiento, a representar el papel de tapetes humanos que hasta pena ajena producen con sus lisonjas.

Lo que todo este jolgorio produce nos hace rebobinar la película y recordar que el béisbol de la Liga Mexicana de Beisbol ha sido, de siempre, totémica, vertical, atada a un casi necesario “paternalismo” cual rebaño sin pastor.

Tras la fundación vía Ernesto Carmona-Alejandro Aguilar en 1925, años después llegaría la vertiginosa aparición de Jorge Pasquel para instaurar la “Epoca Dorada”, dedicada toda al espectáculo, al ámbito de lo deportivo.

Tras el auge, el intento de renacimiento de la mano de la aparición de Alejo Peralta, forjado en la vieja escuela de la imposición, del manotazo en la mesa, y cuyo aporte se dio también en lo que aún hoy algunos se atreven a llamar “desarrollo” aunque al final, la huelga de 1980 empañó ese “todo”.

La tercera parte del “patriarcado” veraniego se dio tras la huelga, con el arribo de Pedro Treto Cisneros a la presidencia de la LMB y la irrupción de Roiberto Mansur como el poder tras el trono.

Es en 1999, tras la defenestración de Treto, que aparece Harp no como patriarca sino más como un “mecenas”, sin peso específico a la hora de tomar decisiones sobre lo deportivo, desdeñado cuando vino el “cisma” de 2016, a la hora de las discusiones sobre jugadores nacionalizados, alguna vez amenazando con retirarse del circuito y hasta ahí.

Y es que sus antecesores imponían sin dialogar, Alfredo a Harp le ha bastado convencer con sus aportaciones que han endulzado casi todo.

PASQUEL- Una pedrada que le dio en la cabeza, producto del buen tino de un aficionado de San Luis Potosí en 1951, hizo que Jorge Pasquel se fuera del béisbol para siempre.

Un deporte al que llegó en 1940 para llevar a la LMB a estadios de competitividad nunca vistas, ni antes ni hasta nuestros días. Pionero de la integración racial, de apostar fuerte al nivel de espectáculo llegando incluso a sufragar el costo de todos los equipos de la liga. Se en enfrentó a las Grandes Ligas, hizo grandes contrataciones pero no tuvo contrapesos y se le derrumbó el castillo de naipes.

Se fue dejando un gran legado pero al mismo tiempo, una liga devastada.

 

PERALTA- El período de Alejo Peralta se retoma desde dos vertientes: por un  lado el aporte que hizo con la academia de Pastejé y por el otro la huelga del ´80 y el surgimiento de la ANABE.

En lo primero, su idea original fue que Pastejé sirviera única y exclusivamente para su equipo Tigres, entonces de la ciudad de México, tratando de emular casos exitosos de “granjas” que más que nadie implementó el doctor Álvaro Lebrija, dueño de los Charros de Jalisco.

Su proyecto devino en la academia como centro de exportación a instancias de que hubo “quienes” vieron en la conversión una alta rentabilidad. En la visión de alguno, existió una supuesta “traición” a Peralta.

En lo de la huelga no hay defensa. Al patriarca en turno se le salió la cacique y fueron sus decisiones las que marcaron el declive de la LMB.

 

DUO- A la dupla Treto-Mansur se debe en mucho varios de los tropiezos que ha sufrido la LMB de hoy en día.

Explotaron al máximo lo de “el negocio detrás del negocio”, esto es, exportación de peloteros a Estados Unidos que benefició a muy pocos, se permitió un desarticulado tráfico de plazas y poco hicieron para paliar los efectos de la huelga.

Se mantuvo el discurso de Peralta con respecto a la ANABE, la cero autocrítica, el enviar a segundo plano lo deportivo desdeñando el uso del término “espectáculo”.

Patriarcado inusual, ejercido desde la presidencia ejecutiva de la liga pero respaldada desde sectores muy localizados en la asamblea de dueños.

Treto Cisneros fue defenestrado del cargo en 1999 y Mansur se retiró dejando su equipo Diablos en manos de Harp.

 

HARP- Cuarto en la línea sucesoria, al parecer Harp Helu ha decidido ir por caminos menos comprometidos. Así, en lugar de estar en la cima del tótem, ha elegido pasar como el benefactor de la comunidad LMB, el Mecenas al que no importa otra cosa más que impulsar y apoyar.

Esto es, al parecer lo suyo ha sido elegir la “autoridad moral” antes que asumir el poder de factor. Apegarse a su condición de filántropo y no asumirse como el Tlatoani en turno.

La liga le ha permitido asi estar al frente de un “combo” multipropiedad que algunos le disculpan, así sea una figura antiética y prohibida por el beisbol, por razones de ser el “prohombre” en turno.

Se le permitió una academia no oficial por las mismas razones, aún y que ha resultado más productiva que la academia propia que tiene la liga en El Carmen, Nuevo León.

No se observa en la presencia de Harp en el béisbol nuevas visiones de negocio, nuevas formas de presentar el espectáculo o innovaciones tangibles en el producto. Ha navegado en dos plazas que como Oaxaca y ciudad de México, no sobresalen entre las que mejores asistencias registran. Otra vez en lo suyo: la filantropía que permite sostener el béisbol a costa de lo que sea.

Construir un nuevo estadio en la ciudad de México y el recinto del Salón de la Fama son ahora las tarjetas de presentación.

Seguro que en el futuro, esos sean el mejor recuerdo que se tenga de él, el legado que dejará. Obras en concreto.

Y eso al menos, ya es ganancia: no habrá corrido la misma suerte de los Patriarcas que lo antecedieron.