5722 de Enero de 2018 (ERBV/JCC)- Se jugaba la final Naranjeros-Tomateros de la temporada 1994-1995 y apenas en las primeras entradas, Benjamín Gil cometía error en el short a batazo de Chico Walker. En el palco que le asignaron al lado del dogout guinda, don Juan Manuel Ley, alterado, nos dijo “¡ve con el masagge y pídele una pastilla para los nervios!”.

 

En el túnel que va desde los vestidores al dogout encontramos al masajista y le hicimos la petición de la pastilla, “¿para el Patrón?”, preguntó y antes que respondiéramos, se escuchó la voz de don Juan Manuel quien venía ingresando, “¡no es para mí, es para Benjamín!”.

 

Así era el gran jefe de los Tomateros, así vivía el beisbol y así se le recuerda este 22 de Enero, a dos años de su ausencia física.

 

Tal vez no se sepa nunca si el empresario encontró al beisbol o si este fue este el12 que tuvo la suerte de toparse con uno de los directivos más importantes e influyentes con el que ha contado el beisbol mexicano y de Latinoamérica, así haya quienes no le quieran conceder el mérito.

 

Hombre visionario, emprendedor, luchador, capaz de revolucionar al beisbol de su país viendo hacia el futuro, aplicando filosofías de negocio porque finalmente, fue quien más luchó porque los directivos nacionales entendieran que este deporte es eso precisamente, un negocio.

 

“Nosotros estamos en la industria del entretenimiento y debemos hacer al beisol un negocio rentable. No andamos en esto por filantropía, regalar lo que nos cuesta atenta contra el propio deporte”, repetía convencido.

 

Así fue como contribuyó en buena medida al status que hoy tiene la Liga Mexicana del Pacífico en materia de estabilidad financiera, de proyección deportiva y una alta rentabilidad. Su idea creció.

 

En el recuerdo, aquella junta de la LMP cuando el entonces dueño de los Algodoneros de Guasave, Reynaldo Valencia, se quejaba de no podía captar patrocinadores y mermaba las finanzas del club. “Mi club requiere estar en una liga fuerte y para eso se necesita que todos los clubes estén fuertes”, dijo don Juan Manuel.Se abocó entonces a jalar patrocinios para Guasave y para la liga.

 

TrofeoZonanorte02Hubo quienes lo vieron como un “Rey Midas” del deporte, que creyeron capaz de que todo lo que tocara se hiciera oro y no, lo aparentaba ser, no lo era. “Lo mío es invertir, trabajar mucho, comprometerme para que la inversión reditúe”, platicaba. Su incursión en la Liga Mexicana en 1999 fue intentona por replicar su éxito en la LMP, engrandeció a la franquicia de los Saraperos de Saltillo a costa de resistir los embates de un grupo de directivos anclados en viejas tesis del patriarcado y monopolio exportador.

 

Más alla de filias y fobias que pudo tener, a don Juan Manuel Ley López  se le recuerda como el grande apasionado de los Tomateros de Culiacán, su equipo, el equipo con el que forjó una leyenda, haciéndolo equipo representativo de una ciudad y al mismo tiempo, odiado deportivamente por toda una región.

 

67En la maleta que se llevó hacia donde hoy mora, grandes afectos que cultivó como Horacio Díaz López y Arcadio Valenzuela; Vinicio García, Nelson Barrera,  Paquín Estrada, Benjamín Gil y Rodrigo López. No empacó las decepciones y los desalientos, traiciones y engaños. Lo que sí tuvo tiempo de llevarse fueron diez campeonatos de liga de su equipo, dos cetros de Serie del Caribe y el nuevo estadio de beisbol de Culiacán.

 

En la última charla que tuvimos, Diciembre de 2015, desde su oficina contempló el moderno parque de pelota y caso para sí mismo murmuró “nos quedó chingón, ¿eh?”.

 

A dos años de distancia. Hasta siempre, don Juan Manuel.

 

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